Dulce espera

jueves, enero 15, 2009


Por el hecho de no sentir ningún achaque ni la misma expectativa que se tiene con el primer hijo, me estaba sintiendo realmente culpable de no estar tan emocionada en este segundo embarazo. De no ser por el tamaño de la panza, por momentos olvidaba mi estado y de repente me atacaron unas terribles dudas: ¿se quiere igual a los hijos? ¿se puede compartir el cariño hacia ellos en partes iguales?... Más culpable aún llegué a sentirme por ser capaz siquiera de plantearme estas interrogantes.

Pero a medida que fue avanzando mi embarazo y al sentir todo el tiempo en mi vientre los enérgicos movimientos de mi bebé -como si estuviera pidiendo desesperadamente toda mi atención- pude darme cuenta que no puede haber tal separación de amor. Ahora me embargan sentimientos, a ratos de entusiasmo, a veces de ternura y serenidad, luego de angustia, que me hacen entender que ésta nunca ha dejado de ser una dulce espera.

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