El día del niño que ya no serás - Desde Jalisco

El día del niño que ya no serás

miércoles, abril 25, 2018


Cuando empecé a comprender por qué mi papá tenía en un cajón oculto revistas de pornografía; cuando dejé de pelear con mi hermana para tener su simpatía y poder preguntarle cosas que me daba pena preguntarle a mi mamá, cuando comprendí por qué no tenía otra opción que usar la ropa y los zapatos que ya no le quedaban a la prima o a la vecina, cuando intuí la razón por la que mi padre no podía ser más cercano y abierto conmigo, cuando caí en cuenta por qué mi madre siempre estaba molesta y no todo era por mi, cuando me alejé de esa amiga que ya tenía otros intereses y quería convivir con alguien más, cuando acepté que no todo lo que se quiere se puede y simplemente sigues adelante, cuando sentí que es más bonito dar que recibir,  cuando comencé a querer escribirlo todo… ese día dejé de ser niña.

Soy madre de Alex, un niño que está a punto de cumplir 12 años y que en pocos meses se convertirá en estudiante de secundaria y nadará en las aguas de la adolescencia. Peligrosa etapa para la que debo prepararme. Tengo la esperanza o ilusión de que por fin llegará el momento en que adquiera un poco de madurez para resolver sus propios problemas; no porque quiera desentenderme o tener más tiempo para mí, sino porque significaría que comenzará ver la vida de otra manera a través de las experiencias importantes que irá adquiriendo y comprendiendo, quizás valorando, ciertas cosas que como padres hemos podido darle o enseñarle. Pero también tengo miedo, mucho miedo de lo que se viene porque, aunque en más de una ocasión me ha demostrado que sabe cuidarse y puedo confiar en él, mi temor principal es el ambiente en el que va a desenvolverse, las cosas que verá, las tentaciones que se le presentarán, las emociones que lo abrumarán…

Sé que para los padres es difícil ver a sus hijos como realmente son, ni ellos se comportan igual como lo hacen con otras personas, porque solemos juzgarlos casi todo el tiempo, presionándolos, empujándolos tal vez a cometer más errores de lo que lo harían si no estuviéramos tan atentos de cada paso que dan o cada cosa que dicen sin tener un comentario casi siempre negativo o dando por hecho que nos van a decepcionar.

Mi mayor temor es no poder estar a la distancia adecuada en esta etapa de su vida. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo dejarlo ser sin que parezca que no me importa? ¿Cómo protegerlo del peligro o cómo identificar si necesita ayuda aunque no lo pida? Esto sería más fácil si él fuera más expresivo, pero es un tanto hermético. Y debo enfrentarme a ello. No sé cómo hacerlo si no es siguiendo mi instinto de madre. Y tengo esta idea de que tal vez me ayude recordar lo que a mí me emocionaba, lo que me hacía sentir culpable, lo que me avergonzaba y lo que me daba seguridad a esa edad. Tal vez sea menos difícil de lo que me imagino. Tal vez él tarde más en dejar de ser niño o tal vez ya no lo es y ni siquiera me he dado cuenta. Solo quiero estar ahí para él tan cerca como me necesite y tan lejos como lo quiera, esperando que disfrute esta etapa y aprenda de sí mismo tanto como le sea posible.

«Má, si quieres ya puedes vender o regalar todas mis figuras de superhéroes», me dijo esta mañana.

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